Charlie y la hipocresía

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Tres días de terror, de angustia, de dolor, de impotencia, de solidaridad y también de hipocresía. Ante un atentado como el sufrido por los humoristas de Charlie Hebdo, las industrias se han desatado en una vorágine de reacciones con inusitada magnitud emocional. La industria informativa ha hecho su agosto, la política ha llenado sus redes, la religiosa ha desbordado los templos, la armamentística se frota las manos y las redes sociales se han llenado de “Yo soy Charlie”.

Suele suceder, como antesala del olvido, cada vez que un hecho se escribe a sangre y fuego en una página de la historia cotidiana. Lamentablemente, estos episodios son diarios en un mundo eternamente entregado a la guerra y la barbarie, pero el uso de mayúsculas, negritas o cursivas se supedita al lugar donde se producen los hechos, a la filiación de quienes los sufren o al servicio prestado por quienes los…

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